¿Cómo nace el latín?

Juanfran Ponce
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La influencia del latín es inmensamente conocida por todos, tanto es así que en nuestros días todavía seguimos conviviendo con ella, a pesar de que lleva siglos estando muerta, o eso nos pensamos… Es curioso ver cómo se sigue hablando por personas dentro de la Ciudad del Vaticano o cómo se sigue enseñando en escuelas y universidades. Algo está claro, su influencia ha traspasado milenios, por lo que veo conveniente indagar un poco en ella para hacernos una idea.

¿De dónde viene el latín?

El origen del latín nos obliga a remontarnos mucho tiempo atrás, de hecho, tendríamos que irnos a la “europeización” de Europa para dejar claro el contexto, hace unos 7000 años desde el presente. La complejidad del asunto se presenta a escala global, es decir, estamos posicionándonos en un período bastante complicado para la recolecta de datos, ya que se ha obtenido muy poca información respecto al idioma se refiere. Gracias al método comparativo – Un método usado en lingüística para encontrar similitudes léxicas y fonéticas – y a los arqueólogos encargados de buscar yacimientos cuyos aportes han sido de utilidad, es por lo que se ha podido sustraer información de las diferentes lenguas en ese espacio temporal.

En los primeros años del milenio VII a.C. la civilización de lo que se conoce como la Vieja Europa estaba ocupada por varias culturas en los territorios de Austria, Hungría, Eslovaquia, la República Checa y Polonia. En su mayoría vivían de la agricultura, eran gentes pacíficas, sus territorios estaban ubicados en lugares amplios y abiertos, y aunque la civilización antiguo-europea hunde sus raíces en el Neolítico – En el último período de la Edad de Piedra –, en torno al milenio IV a.C. destacaron, sin duda, en el desarrollo que hicieron del comercio, los cuales extendieron a centenares de kilómetros su tráfico de oro y cobre.

Aspecto lingüístico

Si queremos profundizar en el aspecto lingüístico de la Vieja Europa habría que decir que la arqueología lingüística ha podido encontrar algunas muestras de escrituras en cerámicas rudimentarias. Claro está, la escritura en estos períodos ni si quiera era algo desarrollado, es más, el acto de escribir entraba siempre en un contexto de ceremonias religiosas como la invocación a una divinidad, de ahí que se intuya que este tipo de escritura, usada en la Vieja Europa, era más una escritura sacra, restringida a lugares de culto. Son, en su mayoría, inscripciones breves, casi como un dibujo, pero con un significado lingüístico; mucho más “moderno” que los jeroglíficos egipcios hacia el 4500 a.C., ya que estas representaciones sí que se asemejan más a letras.

La Vieja Europa

El período de la Antigua Europa empezó a decaer a mitad del milenio IV a.C. debido a nuestros siguientes protagonistas: Los indioeuropeos. Sobre el nombre aquí dicho hay cierto debate, en los ambientes académicos de Alemania se les llamaba «Indiogermanos» y luego se extendió por el resto de Europa el nombre de «Arios», en cualquier caso, nosotros nos referiremos a ellos en su primer término.

Los indioeuropeos venían de Oriente y consiguieron asentarse en la Europa del Este, conforme pasaban los años consiguieron penetrar más en dirección Oeste, ejerciendo así una gran presión a los pueblos europeos de aquel entonces. Una de los motivos por los que pudieron interesarse más en esa Europa y ampliar sus horizontes fue desencadenada por el comercio, ya que, como dijimos antes, el comercio que la civilización europea hacía pudo dar lugar a que los indoeuropeos, que eran más bárbaros y tenían culturas guerreras, quisieran conquistar dichos territorios para obtener sus riquezas. Como en todas las guerras de culturas hay enfrentamientos bélicos donde se lucha por la supervivencia de las mismas, de hecho, la existencia de capas incendiadas, que de manera arqueológica se han encontrado en muchos lugares de esos asentamientos, nos dan una idea de hasta qué punto el enfrentamiento fue despiadado.

A lo largo del milenio IV a.C. y mediados del milenio II a.C. los indoeuropeos consiguieron asentarse completamente en Europa. La Vieja Europa no desapareció para siempre pues, como en todo proceso de conquista, parte de sus culturas, por poco que fuese, se mezclaron con la de los indoeuropeos, dando así la Nueva Europa. Lo más importante a destacar en estas coordenadas sería la península itálica, en la cual aparecerá la lengua del latín. Del latín se sabe que llegó en torno al primer milenio a.C., aunque es muy posible que se hubiera estado formando, inclusive, durante el milenio anterior.

Las etnias lingüísticas de la península itálica

La península itálica, hace unos 1000 años a.C., se encontraba en un popurrí de etnias muy dispares y variadas. En el Norte, de Este a Oeste, encontramos a vénetos, retos, lepontios, galos y ligures. Algo más al Sur, en la costa occidental, se encontraban los etruscos, y hacia el interior los umbros, mientras que, a orillas del Adriático, en Novilara, hay documentación de una lengua de la que nada sabemos, ni siquiera el nombre, como tampoco del pueblo que la hablaba. Al sur de Novilara, entre el territorio umbro y las costas adriáticas, estaban los pícenos, y más al Sur los vestinos, marrucinos y pelignos, que formaban una cadena hacia Occidente con los marsos y los sabinos. Al oeste de los sabinos, ya cerca de las costas occidentales, se encuentran los latinos, término que engloba a los habitantes de Roma, Satricum, Lavinium, Tusculum y Praeneste. Y entre los etruscos al Norte y los latinos al Sur se encuentran los Faliscos. Pese a la diversidad de pueblos que había, se pueden agrupar en tres grandes núcleos culturales: los latinos, los griegos y los etruscos. De todos estos pueblos se tiene una rica documentación epigráfica que demuestran la variedad de lenguas que hablaban, aunque estas también se pueden agrupar en tres grupos lingüísticos.

Grupos lingüísticos

  1.        Lenguas latino-faliscas: el falisco se hablaba al norte de Roma y el latín en el Lacio.
  2.      Lenguas osco-umbras: el osco se hablaba en el centro-meridional y el umbro en el centro-septentrional.
  3.    Lengua tirretana: el trusco, hablado en la Toscana.

Centrándonos en el latín se sabe que apareció en una población llamada Latium «Lacio» y de esta región es donde, según dicen, proviene el nombre de la lengua y de sus primeros habitantes: Los latinos. La etimología del nombre nace directamente del asentamiento, ya que este pueblo se ubicó en un territorio amplio (latus en latín), por lo que Latium significa «territorio llano». A su vez, dentro de esta región se comprendían otros asentamientos diferenciados, conocidos como: Latium Provinces. De estas provincias nos encontramos con Viterbo, Rieti, Rome, Frosinone y Latina; todas estas provincias se consolidaron como ciudades, pero, en un principio, eran varias aldeas dispersas. No se tienen testimonios sólidos de la lengua latina hasta el siglo VI a.C. Los primeros registros escritos los encontramos en la inscripción Duenos, descubierta por un alemán en Roma. Esta muestra arqueológica consta de tres jarrones artesanales en los que está inscrito, en ellos, un texto de un par de líneas. También sería curioso decir la similitud que el latín tenía con el griego, de hecho, el historiador griego, Dionisio de Halicarnaso, quien fue residente romano, desarrolló la teoría de que el latín era, en realidad, la lengua griega corrompida por el influjo de otras lenguas. Sobre esta teoría de este historiador habría que decir que, al ser lenguas de un mismo tronco – Lenguas latino-faliscas –, es muy común que haya mucha similitud entre ellas, y más si tenemos en cuenta el comercio y las comunicaciones que existía en una península tan reducida.  

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