El oro blanco de Sudamérica

Imagen de la Secretaria de Turismo provincial
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Argentina, Bolivia y Chile contienen las mayores reservas de litio del mundo. En sus desiertos áridos y casi deshabitados el “oro blanco” aparece como una oportunidad para potenciar la economía regional. Pero el viaje es tan largo como la cordillera de los Andes. 

¿Qué es el litio? 

El litio es un metal liviano, de hecho es el más liviano, siendo el número 32vo elemento más común de la corteza terrestre y hoy uno de los más codiciados por la industria energética mundial. Se concentra en grandes salmueras por debajo de estas, por lo que la extracción en muchos casos no genera mayores complicaciones. 

Con él se pueden fabricar entre otras cosas, baterías recargables  para diferentes usos como autos eléctricos y celulares. También con sus derivados producen celdas de ión-litio y aportan al desarrollo del aluminio, los aires acondicionados y hasta en el uso medicinal con el litio Li2CO3.  

Reservas actuales en el continente 

Argentina, Chile y Bolivia concentran según estudios de la Universidad Nacional de La Plata, el 85% de las reservas litíferas más grandes del planeta. El resto se reparte entre Estados Unidos, Australia y China. 

Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), en 2020 determinaron que Bolivia posee el mayor número de este metal, 21 millones de toneladas, luego lo sigue Argentina con 19 millones de toneladas métricas y por último Chile con 9 millones de toneladas. 

El Salar de Uyuni en Bolivia, es un lago prehistórico que se secó hace más de 10 mil años, formando la salina más grande del mundo y donde se concentran las mayores toneladas de litio que hoy contiene el país andino. 

El drama de la extracción, una industria precaria y la contaminación ambiental 

Podemos considerar que con el auge del desarrollo tecnológico y una conciencia por el cuidado de la naturaleza más presente, la explotación de este metal sería de gran ayuda para reducir las emisiones de carbono, que contaminan nuestro aire y dañan nuestra capa de ozono. 

Lo cierto es que como expresa la nota publicada por la BBC en 2019,  El triángulo del litio: 3 obstáculos que enfrentan Argentina, Bolivia y Chile para escapar de la «maldición de los recursos naturales» , estos países viven en una maldición, bueno, las naciones exportadoras de materias primas la viven. 

Esto sucede porque su valor agregado en estado puro es mucho más bajo que si los metales y los alimentos fueran procesados o industrializados. Es una especie de círculo virtuoso, donde envían a los países con un nivel alto de producción de manufacturas sus elementos primarios y estos realizan el objeto final que volverá mucho más caro a sus territorios. 

He aquí la maldición en cuanto a la disposición y organización de los que producen y los que compran, pero también de la importancia de obtener lo que la naturaleza provee de una manera irresponsable y sin cuidado por el entorno. 

La extracción de litio no escapa a nada de ello, en la nota de la BBC se explica cómo Argentina, Bolivia y Chile impulsan políticas para desarrollar la fabricación de baterías y celdas de ión, y a su vez instalar centros de investigación para la sofisticación y explotación responsable del recurso. Pero no alcanza. ¿Por qué?. Si bien se están dando los primeros pasos en esta tecnología, lo que más valor agregado tiene no es el solo hecho de vender el litio y sus derivados a otros países con industria, o más bien desarrollar baterías recargables, ya que su valor en el mercado aún es bajo en comparación por ejemplo al desarrollo de autos eléctricos. 

La contaminación del suelo y el agua es otro gran problema a la hora de obtener el “oro blanco”, ya que para su extracción es necesario según la Universidad de Antofagasta, 2 millones de litros de agua para evaporar una tonelada de litio en las compañías chilenas. Hoy allí se utilizan 226 millones de litros de agua potable diariamente. Este recurso que alimenta a pueblos en su mayoría de origen nativo, tanto como también en Argentina y Bolivia, se diluye, se toma para producir un metal valioso y no solo secan las reservas acuíferas, sino que las contaminan con los químicos necesarios para separar el metal de la sal. 

Si bien el Estado argentino ha tomado la decisión de obligar a los gobiernos provinciales a crear empresas estatales que se asocien a las extranjeras para obtener las regalías y controlar la explotación del metal, hoy en día comunidades nativas de la provincia de Jujuy luchan por evitar que se deteriore el paisaje que consideran sagrado y del cual obtienen el agua para vivir.  

En una entrevista para la BBC, la directora de Política Ambiental en la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), Pia Marchegiani, asegura que la obtención del “carbonato de litio” que en definitiva es lo que sirve para la creación de las baterías recargables, pueden obtenerse de maneras menos contaminantes y sin utilizar tanta cantidad de agua, (en Jujuy según la empresa y la zona de extracción, se utilizan 30 mil litro de agua por tonelada de litio). 

Si bien las políticas de utilizar energías renovables o más amigables con el ambiente son una realidad, es importante asegurar que la producción de esta misma sea consciente y responsable. La instalación de fábricas de baterías, celdas y de extracción del metal en sí, proveen fuentes laborales para miles de personas que habitan zonas desfavorecidas u olvidadas por los gobiernos. Pero también es momento de impulsar el desarrollo de nuevas tecnologías que aseguren una mejor producción de elementos como autos eléctricos, que permitan obtener niveles de ingresos altos a estos países que aún sueñan con tocar el cielo con el oro blanco. 

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