¿Hay más enfermedades mentales en la actualidad que hace 500 años?

Juanfran Ponce
Comparte

La historia de las enfermedades mentales es la historia de la psiquiatría, pero también la historia del dolor. Por un lado, estudiamos la historia de los problemas psicológicos desde las ciencias médicas y, por otro lado, estudiamos la historia del dolor desde la cultura.

¿Cómo surgió la psiquiatría?

La historia de la psiquiatría tiene un origen reciente, de hecho, fue en el siglo XIX cuando surge como rama científica derivada de la medicina, dedicada al estudio y tratamiento de enfermedades mentales o trastornos de comportamiento.

Aun así, el estudio del comportamiento humano tiene una larga tradición filosófica en la historia. Ya en el siglo IV, con San Agustín y muchos otros teólogos posteriores, se pueden encontrar referencias a la introspección como fuente de auto-conocimiento, algo importante que fundará las bases del psicoanálisis y de la psicología.

De hecho, no era extraño que los escolásticos se interesaran por este ámbito, puesto que tener una enfermedad mental, en tiempos de la Edad Media, era confundido con señales de posesión o con que el alma de la persona había sido corrompida. Muchas prácticas comunes para tratar a estos personajes se resumían en incendiar sus cuerpos bajo una hoguera para liberar sus almas.

Por suerte, esto no fue una regla general, y se puede gozar de ejemplos a la hora de señalar diferentes psiquiátricos construidos a lo largo de las épocas. Estas instituciones fueron creadas para la tutela de dementes, en donde España tuvo varias de ellas en Valencia, Barcelona o Granada. A los internos se les obligaba a trabajar en granjas, jardines o, en general, estar ocupados todo el día, ya que se creía que la inactividad tendía a perturbarlos todavía más; y a los que se portaban mal, eran castigados severamente.

Será a partir del siglo XV cuando se empezará a estudiar los comportamientos psíquicos más a fondo, olvidando el castigo divino o la posesión demoníaca y dándoles una causalidad fisiológica. Se harán las primeras agrupaciones de enfermos (lunáticos, insanos, obsesos, etc.) y, en lugar de caer la responsabilidad plenamente en las instituciones de forma altruista, el poder político se concienció de esto y obtuvo responsabilidad en ello.

El dolor como constante cultural

Las vírgenes mártires y el sufrimiento de Cristo o la visualización del padecimiento a través de los teatros y de la lírica, han formado parte de una laboriosa tarea de difusión que la historia cultural del dolor ha retratado. En ocasiones, ese dolor era una verdad incómoda, así como una herida gangrenada, y en otras era una consecuencia de algo que siempre ha existido, la guerra; entre muchas otras formas estéticas. Y esto, junto a la sexualidad y la muerte, forman los pilares de la cultura occidental.

En el drama del dolor, el espectador juega un papel fundamental porque, a pesar de asumir la imposibilidad de compartir experiencias sensoriales, no hay escena de sufrimiento que nos resulte indiferente. Quizá, me sea replicado, que un psicópata sí puede inhibirse de esto, más no es la norma.

Tanto Edmund Burke como Adam Smith, quienes escribieron sobre el dolor, llegaron a la conclusión de que el espectador interpreta el dolor ajeno y genera así una especie de empatía o conexión. Esto no quiere decir que necesitemos una demostración visual de ello para generárnosla, ya que, por ejemplo, con Don Quijote y su sufrimiento no había más que la imaginación para hacernos una idea.

Lo que sí hace falta, a modo de regla universal, es la simpatía, y esta puede aparecer a través de la imaginación, de una narrativa, de símbolos o recuerdos, etc. Por ello, la experiencia del daño se construye sobre una relación entre el que sufre y el que observa. Esto también asentará las bases de la filantropía y la benevolencia.

La dificultad que subyace en las enfermedades mentales, es que, son imposibles de imaginar o ver, puesto que muchas de ellas tienen respuestas psíquicas tan abstractas que no pueden ser imaginadas. La complejidad de imaginarse una depresión, un TLP, un TCA, bipolaridad, etc., hace que la simpatía no pueda mostrarse tan fácilmente. Podemos imaginar ser esa persona y sentir su exclusión, o su rechazo social, más no imaginarnos su enfermedad, tal como sí podríamos imaginarnos un dolor narrado, una amputación física o un severo castigo medieval interpretado en un teatro.

Los problemas mentales hace 500 años (año 1521)

La crueldad del castigo que prevaleció durante mucho tiempo en la Edad Media, y que prosiguió en la Edad Moderna, era fruto de una organización política inestable e insegura. Una burguesía que adoraba ver las ejecuciones públicas, así como las peores torturas dentro de las cárceles, no podrían estar mentalmente sanas.

A parte del espectáculo del dolor, también hay que tener en cuenta la situación social, económica y política de la época. La pobreza era un factor importante a la hora de desarrollar patologías mentales, pues muchas veces implicaba aislamiento social y rechazo, algo que tenía consecuencias graves en la personalidad de cada uno. Por otro lado, ni si quiera las personas grandes e importantes se escaqueaban. Por ejemplo, Juana la loca, quien habría sido catalogada como poseída en otros lugares de Europa, estaba literalmente trastornada; Los Austrias eran una familia donde prácticamente todos padecían alguna enfermedad mental a causa de que se apareaban unos con otros; Carlos V sufrió depresión a causa de dos derrotas militares… y así podríamos tirarnos todo el día.

El dolor y sufrimiento se moldeó a las personalidades y vidas de cada uno, asumiéndolo como algo natural. En ese proceso quedaba claro la distinción entre lo privado y lo público, y nadie quería mostrar padecimiento público más que los pobres, esclavos o personas que no tenían nada. Este proceso cambió conforme fueron entrando cambios culturales importantes, así como la llegada de un nuevo modelo de cárceles que buscaban reinsertar y no castigar, una nueva visión humanista, la desaparición heterogénea del escarnio público, entre muchos otros.

Actualmente, esa distinción ha desaparecido casi por completo, inclusive cuando ponemos nuestros perfiles sociales en «privado», siguen siendo de dominio público. Los problemas mentales actuales se publican activamente en redes, lo que genera una fuerte simpatía a pesar de la distancia, y exporta visiones u opiniones al respecto de ello. Los teatros de antaño que mostraban la crueldad se extrapolan, ahora, a internet, creando una maravillosa obra que puede ser vista por todos.

Por último, sin entrar en describir la categoría de «enfermedad mental», se puede concluir con que es muy difícil contestar a la pregunta que se planteó en el título del artículo, puesto que no hay documentación existente que demuestre un aumento o descenso en los problemas mentales. A parte, debido a la terrible situación social, estos problemas eran apartados de lo público e incluso de lo privado, pues podrían no darles mucha importancia.

La forma de vida de hace 500 años era muy diferente a lo que es hoy, las relaciones y vivencias eran muy distintas, así como sus quehaceres y obligaciones diarios. Esto pudo dar lugar a que personas con signos de estar padeciendo algún trastorno consiguiese sublevarse o distraerse, algo parecido a lo que pasaba en las guerras, donde la gente estaba tan concentrada en sobrevivir que se les olvidaba lo demás. Pero, pese al axioma sobre que «antes no había tantas enfermedades mentales», hay que ser cuidadoso y discernir, puesto que las condiciones de antes eran más proclives a constituir algún tipo de problema así.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Next Post

Yolanda Díaz: "El liderazgo es algo muy masculino"

Yolanda Díaz, quien es miembro del Congreso de los Diputados de España desde 2019 y ministra de trabajo, afirmó en una entrevista de la cadena Ser que ‘El liderazgo es algo muy masculino’. La ministra, donde participaba en una entrevista del programa Hora 25 y perteneciente a la cadena Ser, […]