La última dictadura de Europa

Presidente de Bielorrusia
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Bielorrusia es hoy la última dictadura del centro del continente, el régimen del autoritario Alexander Lukashenko llegó en 1994 y sigue aferrado al Palacio de la Independencia (residencia presidencial), protegido por su aliado mayor, Vladimir Putin. 

¿Quién es Alexander Lukashenko? 

Alexander nació el 30 de agosto de 1954 en Kopys, un pueblo de poco más de 800 habitantes en la región de Vitebsk. Hijo de la Unión Soviética, ex-militar del antiguo régimen y ex-director de una granja colectiva, el 20 de julio de 1994 se presentó a las elecciones presidenciales bielorrusas. Ganó con un amplio apoyo social, bajo el discurso de combatir la corrupción dentro del parlamento y de ser fuertes ante los extranjeros. Sí, la población aún continuaba con viejos rencores por la ocupación nazi durante la segunda guerra. 

En 2004 con la aprobación de un referéndum, modificó las leyes constitucionales para permanecer en el poder de manera indefinida. Si bien se celebran elecciones cada cinco años, los vecinos occidentales denuncian fraude, al igual que los políticos opositores. 

“Gobernar con estilo autoritario es una característica mía”

Culaquier similitud con un presidente populista latinoamericano es pura coincidencia. Aquella frase que rescató la BBC fue dicha por Alexander en 2003 para un programa de radio de su país. 

En agosto de 2020 los comicios bielorrusos se abrieron para una nueva contienda electoral y como era de esperar, el actual presidente festejó haber obtenido el 80% de los votos (dentro de un país con 9,5 millones de habitantes) y donde su opositora, Svetlana Tikhanovskaya  solo sacó el 9%. Sobre todo en un evento donde la comunidad internacional no tuvo acceso a verificar si las elecciones se llevaron de manera limpia y sin cometer fraude. 

Ese mismo 9 de agosto miles de ciudadanos se manifestaron en la capital, Minsk. No admitieron el resultado final y batallaron contra la policía que intentó calmar los disturbios, pero donde a “mano ancha” usó su poder y legitimación para disparar con balas de goma y bombas aturdidoras, la población civil solo tenía unas pocas piedras para defenderse. Hasta aquel domingo, según el Centro de Derechos Humanos Viasna y desde la campaña electoral en mayo, 2 mil personas fueron encarceladas. 

En las elecciones de 2010, luego de ganar Alexander, el régimen encarceló a siete de los 9 aspirantes  a la presidencia y en 2015 volvió a coronarse vencedor con el 83% de los votos, en medio de protestas dentro y fuera del país. 

Krystsina Tsimanóuskaya y su refugio en Polonia 

Esta semana volvió a quedar al descubierto la violencia que el autoritarismo de Lukashenko pone sobre sus compatriotas opositores, la jugadora olímpica de Tokio 2020 luego de correr los 100 y 200 metros fue obligada a realizar el relevo de 4×400 metros, de los que no estaba preparada. En medio de exigencias y presión, la velocista denunció a la Federación Olímpica de Atletismo. 

Sí, es obvio que llegó a oídos de los altos mandos, por lo que fue forzada a subirse a un avión que la llevaría a su país. La noche antes de partir rechazó subirse a ese vuelo por temor a ser arrestada al llegar a Bielorrusia. El lunes se acercó a la embajada polaca en Tokio y el Estado le concedió el visado humanitario. 

Krystsina se convirtió en la última testigo del régimen de Lukashenko que hizo público su descargo ante el presidente y su gobierno. Denunció el exilio y encarcelamiento de opositores, como el caso del periodista Roman Protasevich, que fue interceptado en mayo de este año en un vuelo de  Ryanair que iba desde Atenas a Vilnius (Lituania). El vuelo debió hacer un “aterrizaje de emergencia” debido a una supuesta amenaza de bomba, pero al pisar el suelo de Bielorrusia, el opositor fue arrestado junto a su novia. Hoy se encuentran con prisión domiciliaria en Minsk. 

Los vecinos del dictador

Merkel está por finalizar su largo mandato como Canciller alemana, Macron presiona para que juntos puedan reconstruir las relaciones con el Kremlin, y que se termine de consolidar el gasoducto Nord Stream 2 que proveerá de 110.000 millones de metros cúbicos de gas al hemisferio occidental europeo, especialmente a Alemania y su industria propensa a abandonar las fuentes de energía nuclear para el 2022 y las de carbón para 2038. Por lo que si bien reconocen la violación de derechos humanos por parte del estado bielorruso, mantienen distancia de enfrentar a los aliados de Putin hasta concretar el proyecto. 

Ante los grandes de la UE, los reclamos del gobierno lituano que denuncia el paso ilegal de inmigrantes por su frontera, sin el control de Bielorrusia, dice que tienen como objetivo desestabilizar la relación con occidente. 

Por otro lado se encuentra Ucrania, quien siente una traición de parte de sus aliados de la OTAN al reconocer como valedero el paso del gasoducto por el báltico, dejando en un segundo plano el actual y del que los ucranianos obtienen un beneficio económico.   

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