La vergüenza vista desde la antropología

Juanfran Ponce
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La vergüenza es uno de los aspectos humanos de socialización más importantes dentro de una comunidad, pues funciona como limitante de la estructura ética de la misma. A pesar de su estrecha relación con la psicología, en el presente artículo pondremos la mirada desde un paradigma antropológico.

La vergüenza tiene una estrecha relación con el área de la psicología, pues ha sido esta quien más se ha esforzado en definir y entender dicho fenómeno. Desde estas coordenadas se le daría un significado tal que: «emoción que pretende ocultar algún defecto o acción nuestra que creemos que, si se viera, podría provocar rechazo«.

En otras definiciones dadas, por ejemplo, aparece categorizada como un sentimiento, en lugar de una emoción, más no es importante detenerse en esta dicotomía por la variabilidad del contexto en el que se mueva la vergüenza dentro del ámbito psíquico. La diferencia temporal que hay entre emoción o sentimiento nos importa bien poco para definir el concepto, pues las dos acepciones serían correctas depende de cada situación personal.

Aun así, en este artículo no se pretende indagar en la vergüenza desde el campo psicológico sino desde otro más alejado pero igual de importante, el antropológico; aunque tendrán relación. Los diferentes tipos de vergüenza (vergüenza de auto-concepto, vergüenza identificativa y vergüenza moral) nos darían a entender que no sólo existe una unívoca visión de la misma, de hecho, el que a nosotros nos interesa es el último, la categoría de «vergüenza moral».

Definición antropológica de la vergüenza

«Vergüenza es el respeto a los valores morales de la sociedad, a las reglas por las que la interacción social tiene lugar[…]«. La actual definición viene dada por Julian A. Pitt-Rivers quien, en uno de sus libros sobre antropología social y cultural, se introdujo a definir la misma.

Como se observa en la definición, la vergüenza pertenece al ámbito de la cultura que, más tarde, repercutirá en la psique a modo de sentimiento u emoción. Pero es importante dejar claro lo primero pues sin un ambiente cultural, la vergüenza, no existiría. El ejemplo más claro sería el de los niños que son criados por animales, cuyos casos, aunque escasos, existen; en un niño con una crianza que ha impedido impregnarse del ambiente cultural humano, es imposible que pueda darse dicho fenómeno.

Por otra parte, el código ético bajo el que se sustenta la vergüenza es aquel que incurre dentro de la estructura moral de la comunidad. Está conectada estrechamente con lo bueno y lo malo, puesto que su presencia o ausencia es detectada a través de una evaluación ética de la conducta de la persona. Esto finaliza con la aplicación de sanciones que vendrían dadas por la opinión pública dentro de ese ambiente comunitario.

En este punto habría que diferenciar las «sanciones morales externas» y las «sanciones morales internas» o conciencia. Así, hacer algo de modo llamativo convierte a una persona en un sinvergüenza, pero hacerlo de modo discreto le convertiría simplemente en alguien que hace una cosa mala. Por un lado, el sinvergüenza se enfrenta al mundo, se enfrenta a la gente en situaciones concretas y la ‘maldad’ se enfrenta a la conciencia de cada uno.

Vergüenza y timidez

La vergüenza y la timidez van muy de la mano. Digamos que la segunda es producida por la primera, la vergüenza produce timidez. De hecho, un tímido es una persona que se toma muy en serio el juego en según qué rangos.

Cuando una persona tímida llega al extremo en donde se le complica entablar conversaciones con los demás, mantener relaciones sociales evitando cuanto pueda estos actos y afectándole así a su día a día, es porque, directa o indirectamente, es demasiado consciente de los códigos culturales a los que está sometida. Además, también se puede tener en cuenta otros factores como podrían ser la falta de autoestima o la falta de seguridad que agravan esto.

En ese sentido, por ejemplo, las personas que rehusan bailar delante de la gente lo hacen por vergüenza, tomando en consideración qué personas están presentes. Es la vergüenza la que prohíbe a un adolescente fumar en presencia de sus padres o la que obliga a ir bien vestido para una reunión de empresa.

El sinvergüenza transgrede las reglas culturales

Un sinvergüenza es una persona que no acepta las reglas culturales o, en todo caso, abusa de ellas. Los motivos para tales actuaciones son varios.

La educación es el factor más importante, de ahí que «falta de educación» sea sinónimo de «falta de vergüenza». Se admite que si al niño no se le enseña a comportarse no tendrá esta. Aun así, se entiende que el niño no es lo bastante mayor como para comprender los valores de la sociedad y no se le exige un nivel firme de vergüenza hasta que no va siendo más mayor.

De ahí que el insulto de «sin vergüenza» no tenga la misma aplicación en un niño que en un adulto. Cuando una persona con edad tardía comete un acto como para que le atribuyan que es un sinvergüenza, su estatus y reputación peligraría mucho, pues de él se le espera que actúe socialmente acorde a las reglas comunitarias. De la misma forma, a una persona con algún tipo de problema psíquico no se le tendría en cuenta, puesto que se comprende, al igual que con los niños, que no comprende la realidad cultural en la que vive, ya sea porque no tiene demasiada inteligencia o porque sus problemas le condicionan de la misma forma.

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