Myanmar: abatida por la muerte y las torturas

Presidenta depuesta de Myanmar
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El 1 de febrero el país del sudeste asiático sufrió uno de los golpes de Estado más violentos que haya visto. Su presidenta reelecta, Aung San Suu Kyi, ganadora del Premio Nobel de la paz, fue arrestada junto a sus pares políticos y la Junta Militar retornó al poder. Este 14 de junio será juzgada por actos de corrupción, una acusación que le habría impuesto el régimen con tal de quitarla del poder.

En 2012 y 2015 el pueblo consiguió las elecciones libres luego de años de manifestaciones. Y consiguieron la posibilidad de construir medios de comunicación independientes y fuera del control estatal.  

Decenas de periodistas encarcelados

Hoy los mensajes desde el exterior acerca del retorno a la democracia y defensa de la misma son tenues en un pueblo que la perdió, donde periodistas nacionales y extranjeros han sido encarcelados por el simple hecho de “propagar información crítica para la Junta Militar”. Según Reporteros Sin Fronteras, a la fecha han sido apresados 86 periodistas de los cuales solo se han liberado 37. 

El 26 de mayo detuvieron en el Aeropuerto Internacional de Rangún a Danny Fenster, el cuarto periodista extranjero que fue encarcelado por cubrir las manifestaciones del pueblo de Myanmar, y de la propagación de información acerca de cómo se encuentra el país actualmente. Danny fue llevado a la cárcel de Insein según Amnistía Internacional, una de las más grandes del país y donde torturan a sus presos con golpes y quemaduras.  

Al momento no se ha pronunciado una acción profunda que debilite al gobierno de la Junta Militar. Desde Human Rights Watchs pidieron que los países de la Organización de Naciones Unidas evitaran proveer armas a la nación en conflicto, ya que se temería una masacre y una guerra civil. La ONG pide explícitamente que el  Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tome realmente cartas en el asunto y actúe por fuera de meras declaraciones para llamar a la paz en Myanmar. 

Crisis, guerras y muertes

Hace dos semanas la BBC publicó un documental “La rebelión de los Jóvenes en Myanmar”, realizado por un joven músico y su hermana, en donde con una cámara propia y filmaciones caseras recorren las calles del país y muestran al mundo las defensas civiles ante el avance despiadado de los militares. 

Las iglesias católicas ofician de refugio para quienes son perseguidos, pero aún así el 24 de mayo un templo ubicado al sureste del país, el Sagrado Corazón de Jesús en la ciudad de Kayanthayar, fue atacada por los militares en un intento de arrestar a 12 personas, de las cuales cuatro murieron y el resto resultaron heridas. Así lo informó a la comunidad internacional el Cardenal Charles Maung Bo para la ONG Ayuda para la Iglesia Necesitada, dependiente del Vaticano. El Cardenal aseguró que en Myanmar se vive una “tragedia humanitaria”, donde aquellas víctimas como las nombradas anteriormente huyen al medio de la selva o se esconden es estos sitios para no ser encontrados por el régimen, entre ellos ancianos y niños, insistió. 

Tal vez Myanmar quede al otro lado del mundo. Tal vez no sepamos mucho de su población. Tal vez no tengamos ni idea de su historia política y las diferentes etnias que viven allí y que pelean entre sí, dentro de un Estado abatido por un golpe militar que arruinó los sueños de millones de ciudadanos, que luego de décadas de luchas y manifestaciones consiguieron la democracia que  brutalmente les fue arrebatada. Myanmar puede asemejarse al pasado algún país latinoamericano, con historias distintas pero con un mismo sello que caracteriza a su gente, la búsqueda incansable de conseguir la democracia. 

Catástrofe humanitaria

Día a día miles de personas salen a las calles, arman barricadas, se ayudan entre sus pares y se cubren las espaldas. Desde el otro lado el gobierno los identifica y mediante una publicación de sus rostros en la televisión pública los declaran  enemigos del Estado. 

Para sus gobernantes, las decisiones serán tomadas por ellos, a la comunidad internacional no le compete entrometerse, pero mientras tanto más de 800 personas han muerto según registros de Naciones Unidas y otras tantas son encarceladas y torturadas.  

El 11 de junio Michelle Bachelet, la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, definió lo que sucede en Myanmar como una “catástrofe de derechos humanos”, provocando la huida de más de 108.000 habitantes y el encarcelamiento de al menos 4.804 activistas y opositores al régimen. El próximo 7 de julio Bachelet informará al Consejo de Derechos Humanos acerca de la situación presente de Myanmar.

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