Ya le llamaremos

Pedro Guzmán
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En tiempos de coronavirus no hay tanto trajín como antes. La frase más común en las entrevistas de trabajo es: ya le llamaremos.

El COVID-19

Desde que estalló la pandemia, el paro ha ido en aumento y eso ha provocado elementos buenos y malos. ¿Buenos? Sí. Porque la gente ha aprovechado en formarse en lo que piensa que tiene más salida o en aquellos sueños que tenía de adolescente.
Esto da lugar a futuros profesionales mejor preparados para realizar aquello que se espera de ellos. Pero tiene una cara B. Lo que se podría denominar, tergiversando las palabras de Darwin, “la selección laboral”. Un efecto perjudicial para aquellos que, por suerte, consiguieron mantener su trabajo, y que ven ahora amenazado por esta nueva “especie”.

Mejor preparado y menos oportunidades

Si has tenido la desgracia de perder tu empleo por culpa de la pandemia, seguramente habrás pensado: “voy a estudiar y así encontraré más trabajo”. El problema es que mucha gente ha hecho esto. Y ahora, después de ese máster o curso Online, te das cuenta de que sabes más, pero hay más competencia. ¿Por qué? Porque a los demás también se les ocurrió esa idea.
No es que haya sido una decisión desacertada, es que simplemente era la más lógica. Por ello, la que el mundo entero eligió. Y lo peor de todo es que los empresarios lo saben, y como cualquier persona que mira por su negocio, intenta sacar partido de ello. Pero a veces se pasan.

Ingeniero en Muffins

Tan solo basta “darse una vuelta” por los principales portales de empleo, como InfoJobs, Jobandtalent, Infoempleo y similares para darte cuenta de que la gente que ofrece puestos de trabajo se ha vuelto loca, también por culpa de la pandemia, supongo.
Ofertas que rezan lo siguiente: “Cajera/o para nueva incorporación”, podrían parecer, a simple vista, algo dentro de lo normal. Si no fueran por los requisitos: titulación universitaria o grado. ¿Perdón?
No sabía de la existencia de una facultad especializada en “Control de ventas y relaciones públicas en el entorno comercial”. Título otorgado por la Universidad de Takawarma. Sin desprestigiar esta profesión, que nos ha ayudado tanto en tiempos de pandemia, creo que estos puestos laborales requieren de una formación más práctica y no he sido capaz de encontrar la institución que, a día de hoy, te acredite sobre esto.

¡Cómo se pasan! Me piro

La verdad es, que este tipo de ofertas, merma psicológicamente al futuro trabajador. Alguien que ha decidido dedicar parte de su vida (mínimo de 3 años) a estudiar, y que recibe un sueldo que no está acorde con su formación académica. Sí. A los cajeros se les paga poco.
¿Y por qué hacen los empresarios esto? Pues en pro de la llamada “fuga de cerebros”. Jóvenes, y no tan mozalbetes, que emigran a otros países en los que su salario está acorde con sus estudios. Valientes que encuentran la satisfacción de recoger los frutos de su esfuerzo mental en otros países. Y que seguramente no vuelvan.

Ya le llamaremos

No me voy a olvidar de aquellas personas, de cierta edad, que tienen todos los requisitos de la oferta de empleo como pudieran ser: experiencia laboral, titulación académica, cursos diversos, el aliento de dragón y el trébol de cuatro hojas de la Isla de Mann
Éstos, por su edad, son obsequiados con un perfectamente ensayado y lingüísticamente correcto: ya le llamaremos. Mentira de mal gusto que tiene la mala finalidad de dar esperanzas a quién realmente busca un empleo para, por ejemplo, dar de comer a sus dos hij@s.

Lobos con piel de oveja

Señor empresario de la tienda de Zara o de la peluquería “Pelos” de la esquina. Hagan evaluaciones, sabemos que es tiempo, pero a larga les supondrá un beneficio.
Hacer una prueba les dará la posibilidad de discernir entre los lobos y los aspirantes. Lobos que se disfrazan tras su currículum perfecto y válido como cualquier otro, pero que a los tres meses, dejan el puesto en alas de su libertad económica futura. Muy loable en cualquier caso.
¿No estaría mejor tener a un empleado que se preocupe por tu empresa más que tú mismo? ¡Ese!, será el que, el día de mañana, salvará tu negocio. El que te apoyará en las decisiones difíciles cuando lo necesites. El que te irá a trabajar porque le gusta su profesión y la vive.

Aquel al que le dijiste: “ya le llamaremos”. ¡Y lo llamaste!

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